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Luna

octubre 16, 2008

Despertarme a las 2.30 tuvo sus privilegios, voy por la carretera rumbo al aeropuerto a un horario inusual para mí, son las 4.35 am y mientras escribo esto la luna va siguiendo el auto en el que viajo, casi pareciera que lo hace de una manera obsesiva, casi celosa.
Sé que en su lejanía permanece estática, pero es tan mágico su aparente movimiento…
Mientras corre sobre nosotros como vigilante ya aquí ilumina valles y llanuras, ya por allá va definiendo a contraluz las irregulares formas de los montes  y quizá más allá aún se cierne sobre lagunas o se oculta sigilosa entre las ramas de los arboles. Va brillando prístinamente detrás de unas nubes que se antojan de algodón, pero que a su paso van perdiendo textura, pareciera que se esfuman para cederle su espacio al brillo de una luna que corre silente y ansiosa conmigo rumbo a mi destino; redonda, blanca y grande a millones de kilómetros de aquí, iluminando con luz blanquecina sobre la tierra que duerme.

Trazos de la luna

Trazos de la luna

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